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🎵 Música recomendada: Toss  a coin to your Witcher

Shovel Knight, después Blasphemous, después Dark Souls

Reconozco que Blasphemous me encanta. El apartado gráfico y sonoro, eso sí – sigo flipando con el doblaje -. Ya como juego puedo decir que no es lo mío. Qué no puedo con él. Qué no le pillo el gusto. Qué me revientan cada dos por tres y me frustra tanto que desconecto para jugar a otra cosa que me haga creer por un momento que soy bueno, qué para hacerme ver mis carencias ya tengo el trabajo.

El problema que tengo con los libros especializados en videojuegos es que cuando termino de leerlos me compro la mayoría de los títulos que menciona. De ahí a que le dijera a Ruben Calles que no me volviese a recomendar ningún libro porque terminé por comprarme todos los videojuegos de los que habla Sangre, sudor y píxeles.

Gracias al libro, decidí comprarme el videojuego protagonizado por el caballero con una pala: Shovel Knight. Y qué decir. Qué maravilla. Con mil referencias a juegos retro, con un desafio más a mi medida, con una progresión que realmente hace que mi voz interior grite: – ¡Eh, mírame, acabo de superarme, soy un crack! – Y poco a poco, jugando menos de una hora al día antes de acostarme terminé derrotando a la hechicera y salvando a Shield Knight.

(Y aquí es donde se produce la magia y unifico las dos anecdotas del principio).

Una vez finalicé el juego, tenía la opción de continuar con las expansiones gratuitas que el estudio de Yacht Club Games publicó tiempo después, pero en vez de ello decidí regresar a Blasphemous. Ya no me sentía débil e indefenso. Gracias al entrenamiento del anterior videojuego sentí que podía plantar cara al desafio del estudio de The Game Kitchen. Si bien sigue siendo un videojuego desafiante, ahora sí siento que puedo manejarme entre tanto botón y sí puedo aplaudir por la obra.

Los de mi generación – y la anterior -, aprendimos a jugar a los plataformas mediante Super Mario, Alex Kidd, Contra o más cerca de Blasphemous está Metroid o Castlevania juegos diseñados con una dificultad extrema para alargar la duración del juego en una época en la que los cartuchos limitaban su expansión. Hoy en día cuando los juegos son más accesibles, se publica un juego cuya dificultad es superior a la normal y nos frustramos tanto que abandonamos y hay tantas opciones que olvidamos juegos que tienen mucho que contar.

Por eso cuando acabe Blasphemous o bien intento una vez más perderme por el laberinto de Hollow Knight o me decanto por un 3D oscuro y tenebroso como Dark Souls. O tal vez no estoy preparado y primero pruebo un Ryme o un Star Wars: El poder de la fuerza para acostumbrarme a un movimiento 3D. Sea como sea, la moraleja ya está escrita: Si no puedes con el juego, disfruta de alguno similar que sea más sencillo y después dale otra oportunidad, no intentes escalar el K2 sin haber subido antes la montaña de tu pueblo.

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